La luna caminaba a mi ritmo
pero aún con toda su luminosidad
caía abatida por la sombra de los
grandiosos montes...
Sin cansarse y risueña
se ahogaba en el hondo silencio
de los montes que circundan el
Añasmayo para dar paso al
guerrero que le hacía la eterna
lucha;la penumbraque en
impenetrables lugares estaba ahí,quieta,airosa,haciendo del
serpenteante camino un averno
de oscuridad que solo la fuerza
de Dios y la valentía que el hombre recibe de Él,pueden vencer...
Huayopampa Setiembre 27 de 1992


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